El fenómeno (viendo Diarios de la calle)

viernes, 6 de febrero de 2009

Primero, debo decir que me impresionaron las situaciones por las que pasaban los personajes de la película y la manera en la que cada uno de ellos reaccionaba ante la injusticia. Realmente, no fue muy difícil imaginar lo que esos chicos sufrían. Después de todo, vivo en el país más violento de Latinoamérica. Eso no es gratis.


Por otra parte, la película me horrorizó. Cuando me di cuenta que la trama se desarrollaba en la infame ciudad de Los Ángeles, sentí una punzada en el estómago. Instintivamente, volví a sentir el rechazo; aunque, claro está, nunca sufrí el rechazo por mi color de piel como los chicos de la película. Lo mío fue diferente. No, miento. El rechazo es rechazo.


Desde que tenía 10 años, viajaba a Los Angeles cada fin de año para visitar a mis tías y a mis primas. Era horrible. A los 15 años me rebelé contra esos viajes y nunca volví.


¿Por qué no me gustaba estar en Los Angeles? Bueno, no me llevaba bien con ninguna de mis primas. Me hacían sentir mal, aun cuando yo sabía que no había nada por lo qué sentirme mal. Decían que yo era un fenómeno. Les molestaba que mis tías repitieran lo buena niña que yo era a toda hora. Además, les parecía extraño que me gustara la ópera y los libros.


Mis libros se quedaban en mi maleta, escuchaba la ópera con audífonos y yo permanecía lejos de ellas. Si les caía tan mal, sólo tenían que ignorarme. Ellas eran, después de todo, más bonitas y hacían todo mejor que yo. ¿Acaso no era suficiente? No. Tenían que torturarme.


Yo traté de llevarme bien con ellas, pero nunca he sido buena para relacionarme con la gente, así que todo fracasó. Bueno, no era mi culpa si ellas no sabían apreciar un libro o si no se daban cuenta que la ópera también es música y, definitivamente, no era mi problema si sus estúpidas madres no tenían otra cosa de la que hablar si no de mi maldita bondad. Por Dios, ¡no era bondad, era timidez!


Hace cuatro años que no pongo un pie en Los Angeles. Lo último que supe es que tres de mis cinco primas están embarazadas; otra está en la cárcel y otra, en rehabilitación. ¡Y decían que yo era el fenómeno!

1 comentario:

cherry dijo...

excelente escrito! sigue asì.
por otra parte te entiendo, a mi me dicen lo mismo, que soy rara. sine embargo hago caso omiso a ello, pwero no significa que no duela por eso ahora mejor me encierro en mi cuarto a leer o escribir y, lo mejor que puedes hacer es hablar con Dios, acercate èl, es lo mejor que puedes encontrar.

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